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Ya estoy descansada. Muy descansada. He holgazaneado esta semana, de deporte me refiero. Sólo un poco de natación y ya está.

Tenía que reposar mi rodilla y mi espíritu. Tenía que recentrarme. De pronto un vacío. 50-55 km menos en una semana se dice pronto. Es como si estuviese haciendo el vago a tope, me tengo que pellizcar para decirme que no, que tengo que reposar un rato, que eso es bueno.

Objetivos 2016 cumplidos, con buenas sensaciones, muy buenas: quería hacer montaña y conseguí buenos puestos y buena clasificación final, quería probar duatlon y me encantó, también con buen resultado, quería hacer un olímpico y aunque me costó decidirme al final fue mejor de lo que pensaba, y por último el maratón. No sabía si podía hacerlo. Al final lo supe, y sólo fue el resultado de un año de entrene, de buenos entrenes. Pero ya se acabó, y todavía hoy sigo  con el gusanillo, porque no tengo nuevos retos, por que tengo cosas en mente pero aún no he decidido nada… Intentaré recuperarme 100% de este último esfuerzo y a por ellas… Volveré con más duatlon, con carreras rápidas más cortas y no sé si seguiré con la montaña, depende de mi rodilla…

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El domingo 20 de noviembre fue espectacular. Aunque podía haber sido mucho mejor. Eché de menos a personas muy especiales y queridas para mi que no iban a estar en un día tan importante, ¡pero asín son las cosas!. No dejé de pensar en ellas en toda la carrera…

Es imposible estar insensible a la emoción, a la de tu gente, con la que empiezas esa mañana ya  a las 7 de la mañana, a la ciudad, preciosa, animada, volcada, plana, explosiva, preparada… Imposible no erizarse la piel cuando km a km vas viendo gente que te aplaude, te grita por tu nombre (¡qué buena idea personalizar dorsales!, anima mucho que te griten por tu nombre y que personalicen ese ánimo¡¡¡¡), corredores a tu lado que te adelantan, que adelantas, con los que compartes un montón de kilómetros con ellos y que mientras corría pensaba “y éste, ¿qué historia tendrá encima?, ¿porqué correrá?”. Porque todos tenemos uno u otro motivo para correr, cuando se trata de estas distancias es imposible no pensar el reto bajo ningún prisma, la salud, la familia, tu historia personal, el disfrute… Cada cual tiene los suyos, y todos igual de válidos. También fue imposible no soltar alguna que otra lágrima. Hubieron lugares concretos que me sobrepasaron, que me “obligaron” a sonreir a tope mientras me saltaban las lágrimas. Hubieron personas concretas que me hicieron sentir muy bien ese día.

Comencé con mucha precaución. Iba justa de la cintilla, en mi rodilla derecha, y quería conservar mucho. Mi objetivo era acabar la carrera y disfrutarla, no sé si podré volverla a correr más adelante, así que me marqué un ritmo que creía que podía aguantar muy bien todo el rato e intenté centrarme en ello. Clavé cada Km, al principio un poco más rápido de mi tiempo marcado, pero sabía que después me vendrían bien esos minutos… En el km 1 comenzó a pincharme mi rodilla, sabía que me dolería, pero no pensé que fuera tan pronto. Tenía dos opciones, o lamentarme y arruinar el día, o no pensar en ello y seguir, siempre pendiente de que no doliese demasiado, no quería romperme (ya me ha pasado otras veces y es muy frustrante…). Salí sola. Como había entrenado durante todo este tiempo. Quería haber seguido al globo del 5, pero salió en la primera salida, y yo salí en la segunda 6 min después; así que me vi sola, desde el inicio, pero sin agobios delante, porque salía en el primer cajón de la segunda salida. Eso me permitió coger ritmo desde el inicio. Fueron pasando los km, el dolor remitió en el km 8, volvió intenso en el 13 y lo arrastré hasta el 27 con bastante fastidio, ahí encontré un señor que ponía reflex, y aunque pensaba que no me solucionaría nada, la verdad es que me calmó un ratito. Después en el 35 otra vez tuve que ponerme reflex, y con eso llegué hasta el final.

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Corrí bien, marqué un ritmo cómodo, y quitando el dolor, mi cuerpo respondió muy bien, no tuve piernas agarrotadas, no tuve falta de aire, no tuve hambre, ni angustias por los geles, ni sed, ni ganas de mear ni nada de eso, ni mocos (o quizá lo tuve todo y no le di importancia, la verdad, no lo recuerdo…)… no vi el muro. Lo esperé, pero no llegó. Me preparé para verlo desde el 27 o así, que me encontraba peor de la rodilla y corriendo corriendo llegué al 35, 36, 37 y ya casi estaba… Cuando pensé en él (el muro) ya estaba en la calle Colón, pensando no caerme en las alcantarillas de hierro que resbalaban con el agua…

Pensé mucho, viví, disfruté, lloré y sobretodo sonreí y a veces ni pensaba, solo corría, era lo mejor. Muchos me han preguntado si fue duro. Pero no, no lo fue. A algunos ya les he dado esta respuesta: “Ha sido maravilloso, ¿cómo va a ser duro?, la calle está preparada para ti, le dedidas 3-4 horas a ti misma, la gente te aplaude, te anima… si lo haces bien, sólo puedes disfrutar, te regalan cosas, te dan fruta, te ponen las alfombras, corres por sitios impresionantes, es lo mejor que te puede pasar si lo que te gusta es correr¡¡¡.”

Para mi, mucho más duro se me hace cualquier semana que ese día… dónde va a parar?….

No he conseguido casi fotos. No tenía mi fotógrafo particular ese día. Alguna de mi compañero del Club, Sepu, que me cazó de casualidad. Las mejores imágenes las tengo en mi cabeza. La alameda llena de gente gritando. Amigas como locas dándome ánimos, muchos Triculps repartidos por Valencia, conocidos y gente, mucha gente…

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En muchas carreras para mi el tiempo sí es importante, sí planifico mi carrera en base a km apurados de ritmo, depende de mi objetivo. En esta ocasión no. Nunca había corrido 42 Km, no sabía si podía, cómo reaccionaría, y tenía claro que no quería llegar a una meta tan preciosa arrastrándome. Así que hice un tiempo bien, modesto, convencida que lo puedo mejorar, porque llegué tan bien al kilómetro 40 que apreté y apreté hasta ponerme a ritmo de crucero durante los 2 últimos km (4:20), y ahora sí puedo decirlo, han sido los 2 km más especiales de mi vida, más emotivos y más cortos, más bonitos…

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Es posible que no vuelva a vivir otro Maratón como este. Es el primero, y eso es irrepetible. Pero me gustaría volver a hacerlo, me gustaría volver a saborear el espíritu del deporte de superación en estado puro.

Ese día no ha sido tan duro, y eso se lo debo a mi super preparador Juan Yuste y sobretodo a mi familia, por permitirme correr como loca cada semana, por entrenar, por planificar, por exigirme lo mejor de mi misma…. La preparación sí ha sido cañera, el resto correr y disfrutar. Muchas gracias¡¡¡¡

Me quedan 2 meses para comenzar un nuevo estado en mi vida. Aprovecharé al máximo las oportunidades hasta entonces.

Gracias Maratón 🙂

Isabel

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