Terminaron los triatlones este año para mí (bueno, me falta el duatlón de Alzira que aplazaron en febrero). 

Acabé el Triatlón de Burriana, en una 6ª posición de categoría, y luché por estar arriba en el Olímpico de Xávia, entrando la 5ª finalmente, después de un pajarón que me dejó patitiesa. Entiendo perfectamente cómo se ha sentido Gómez Noya en Kona, sin fuerza en un momento dado y con mala planificación de comida, apretando mucho en la bici y pagándolo en la maratón. Salvando las distancias, es lo que me pasó en Xavia. Iba con ganas. Era mi último tri, y era Olímpico. Tenía muuuchas ganas de poder estar arriba en esta modalidad, y creo que se daban las condiciones. Tenía ilusión y lo había preparado. 

Pero no podía preveer que se retrasaría 1 hora y pico la salida, y me pilló de novata. Yo, que siempre voy justita (en cuanto a alimentación) en las competiciones, porque siempre tengo que visitar el aseo 2 ó 3 veces antes; en esta ocasión tuve que aguantar más de 1 h con los nervios, con la tripa vacía y haciendo frente a una distancia que me iba a desgastar… Ni se me pasó por la cabeza comer algo, estaba demasiado nerviosa esperando que dieran la salida de una vez… Parece que no era la primera ocasión que sucedía, lo de retrasar la salida, y digo yo que algunos ya irían preparados, pero a mi me pilló de nuevas, nunca me habían retrasado tanto una competición. Nadé muy bien, saliendo del agua la 11 o así, y en bici hice un buen grupo con 2 chicas a las que se unieron 3 ó 4 que pillamos. Únicamente la chica que quedó primera iba por delante a tope. Hicimos una buena media y la verdad es que me sentí muy muy bien.

¡Pero ay, bajar de la bici!, y comenzar a correr se hizo duro. Lo había entrenado y mucho. Sabía que lo podía hacer a una media razonable, por eso no entendí qué me pasaba cuando sobre el km 4 ó 5 no podía más, tuve que pararme, 3 segundos, recomponerme y pensar que ya estaba, que no quedaba nada, que venga, que arrea… Tuve mareos y mucha flojera, bebí mucho y creo que eso me salvó de caer redonda. Al retrasar una hora me pilló con el cuerpo vacío, y el sol pegando de lo lindo, pues el día que salió fue sofocante, así que lo pagué y bien. Acabé no sé cómo, pero vi que no podía adelantar a las que con un ritmo normal me hubiera comido sin problemas y hubiera podido estar arriba. Me conformé con la 11 plaza, 5ª de categoría VF1. Sólo recuerdo que nunca olvidaré el pajarón, que nunca hasta ese momento había experimentado.

Mi aprendizaje fue que me pondría las pilas en alimentación en competición, no estaba siguiendo ninguna pauta coherente en los entrenes, ni en las carreras e iba muy justa a todas ellas, y ese día me pasó factura.

Lo bueno de ese día, el aprendizaje, como siempre; lo malo, la espinita que se me queda de no haber podido disfrutar del todo un triatlón tan chulo como el de Jávea…

A final de septiembre otro evento chulo, en equipo, de los que me gustan, para correr a tope: Media Maratón por equipos de Alaquás. Me adjudicaron un trío de chicas rapidísimas, Rebeca, Alicia y Alicia, jovencitas y cañeras, que nos hacía pensar en poder ganar la prueba, y así fue. Pensé que me quedaría atrás por lo que ellas corrían, pero acabamos las 4 en tiempos muy igualados, corriendo por un Alaquás cálido y desierto jajaja. Fueron 5k a tope, con una media de 4:10 min/km. Conseguimos podio.  Fue un gustazo correr con ellas.

Media Maratón por equipos Alaquás

Y ahora, cambio de chip. Modo Maratón. DECIDIDO. Ya no hay marcha atrás. 

Quitarme esa otra espinita de la maratón de hace dos años, que la corrí con un dolor de cintilla espeluznante, con limitaciones, y sin embargo con una sensación maravillosa de haberlo conseguido. Con la ilusión de compartirlo con mi family que ese día no pudieron estar, y por muchos motivos más, me parece que es la espinita que ahora tengo que quitarme, sanarla y vengarme. Y a por ello vamos.

En la recta final de mi preparación, me enfrentaré el domingo a mi misma en la media maratón de Valencia, en dos semanas a la 30K de Sagunto y en un mes la prueba, con la que terminaré el año. Y entonces, sólo entonces, decidiré a qué me dedico deportivamente el curso que viene…

Ays¡¡

Nos vemos en las carreras.

Isabel